40 años después se reencuentran mama e hija
Doña Octaviana recibió en su cumpleaños el mejor regalo abrazar a su hija que se fue hace 40 años / Una Iglesia de Ciudad Juárez y la cuenta de Facebook e Instagram @yucatanysugente hacen posible un sueño
TEKANTÓ.- Doña Octaviana cumplió 83 años, pero este fue el mejor cumpleaños de su vida. Al mediodía después de 40 años se reencontraría con su hija Petita, la abrazaría de nuevo y llorarían juntas.
En su pequeña casa, un cuarto de 3 x4 metros, su nieta la ayuda a peinarse, la acaricia, le pone polvo en la cara. Doña Octaviana ya tiene puesto su hipil, el más nuevo. El hipil, que con sus colores, expresa la alegría que brota de su alma y el júbilo de su corazón.

La mirada de la señora es una mezcla de angustia y gozo. Minutos antes confesó: “Cuando murió mi esposo Evelio en su lecho de muerte me preguntó: ¿`vivirá Petita´?.
Y siempre tuvimos esa pregunta. Los padres tienen hijos que viven siempre en su corazón… hasta el último minuto”.
En 40 años nunca supo de su familia, a pesar de las redes sociales y el internet. Petita viajó por todo México con su esposo que trabajaba en un circo y se asentó en Ciudad Juárez.

Fue hasta hace tres meses cuando en la iglesia casa de alabanza y adoración “Canaan” conoció a los Pastores Vicy y Javier Arellano y les contó que era yucateca y que había salido de un pueblo que se llama Tekantó.
Los pastores sorprendidos por la historia empezaron a buscar a personas en Yucatán para tratar de contactar a la familia de “Peti” a más de 3 mil kilómetros de distancia.

La pastora Vicky cuenta que “nadie nos hacía caso hasta que en Facebook escribimos gente de Yucatán y nos apareció @yucatanysugente jugando la última carta les escribimos brevemente lo que pasaba y nos respondieron”.
Cuenta que “nos comunicamos, nos pusimos de acuerdo, @yucatanysugenteen uno de sus viajes a Tekantó contactó a la mamá de Petita, y lograron hace dos meses con una videollamada que mamá e hija hablen”.

Mientras en Ciudad Juárez la congregación religiosa trabajo duro para conseguir todo lo que “Peti” necesitaba.
“No tenía acta de nacimiento, no tenía credencial de INE, no había nada” cito.
Explicó que los de @yucatanysugentenos ayudaron, junto con el Ayuntamiento de Tekantó y hoy ya estamos aquí.

Cuando se asoma un vehículo los nietos corren por el amplio patio y le gritan: “Chichí, chichí… ya vienen”.
La señora camina apoyada con su hijo Silvestre, la emoción la embarga, llegan a la mitad del camino y se detiene.
De la camioneta bajan los pastores Arellano, los hermanos de la Iglesia que vinieron con ellos, un día antes viajaron desde la fronteriza Ciudad Juárez, y luego baja “Peti” con su blusa yucateca que le hace revivir 40 años de ausencia.

El silencio es profundo, es devastador, corta el aire, las miradas están en la mamá y en la hija.
“Peti” camina hasta su mami…, se funden en un abrazo, un abrazo que se extravió 40 años por la vida, y que hoy los hombres y mujeres de buena voluntad lograron hacer que se reencuentre.
Un solo llanto, las mismas lágrimas, una sola sangre.
El ambiente se cargó de mil emociones. Los testigos del reencuentro dejan caer lágrimas, no pierden detalles, los celulares graban la escena.

Los hermanos de Ciudad Juárez agradecen a Dios el milagro del reencuentro. Mientras “Peti” saluda a sus hermanos de sangre Irma Yolanda, Jesús Demetrio, Argimira, María Guadalupe, Evelio y Alberto.
Desde el cielo, Don Evelio, el papá de “Peti”, sonríe.
Siempre tuvo la esperanza de que su hija se reuniera con la familia. Hoy, con la ayuda de Dios, se puede afirmar: Misión cumplida.